Comunismo consejista

El comunismo consejista, consejismo o comunismo de consejos es una corriente proletaria-revolucionaria surgida en el ámbito de la izquierda comunista germano-neerlandesa de los años 1920-1930. Su punto de ruptura con el trotskismo y la socialdemocracia están en la oposición al entrismo, al reformismo y al parlamentarismo, y su diferenciación con el leninismo radica en la autonomía proletaria como alternativa al partido de vanguardia. La formulación temprana de la teoría comunista-consejista fue llevada a cabo por Anton Pannekoek y Otto Rühle, en el transcurso de la Revolución alemana. Un teórico consejista posterior y más joven pero no menos importante fue Paul Mattick.

Teoría

Diferencias entre el comunismo de consejos y la socialdemocracia

De acuerdo con Anton Pannekoek, el «objetivo del proletariado no debería ser la destrucción del Estado, sino su conquista». Sin embargo, no bajo la continuación del Estado burgués como planteaba Karl Kautsky, sino bajo una nueva forma de Estado.[1]

Así, para Pannekoek, la socialdemocracia buscaba meramente una sustitución de una burocracia por otra:[1]

La conquista del poder político por el proletariado se convirtió para ellos [los socialdemócratas] en conquista de la mayoría por su Partido, es decir, en la substitución de los políticos gobernantes y de la burocracia estatal por ellos, los políticos socialdemócratas y la burocracia sindical y del partido. La realización del socialismo debía llegar ahora mediante nuevas leyes favorables al proletariado.
Anton Pannekoek

Sin embargo, bajo el consejismo se pasaría de una burocracia ajena a una administración simple:[1]

El sistema de consejos es una organización estatal sin la burocracia de funcionarios que hacen del Estado un poder ajeno y enajenante del pueblo. En el sistema de consejos se hace realidad el aserto de Friedrich Engels de que el poder sobre las personas deja su lugar a la administración de las cosas.
Anton Pannekoek

Diferencias entre el comunismo de consejos y el leninismo

El comunismo de consejos opone al «comunismo de partido» leninista la autoorganización de clase obrera en organismos de poder obrero (soviets, consejos obreros, organizaciones de fábrica). Tales organismos fueron creados por las masas proletarias en los primeros momentos de la Revolución rusa, de la Revolución alemana y de la insurrección popular italiana conocida como biennio rosso. Este tipo de organización y su consolidación (la autonomía proletaria) era, según los comunistas-consejistas, la forma de acción y organización de la clase obrera consciente de su papel histórico y coherente con su autoemancipación. En estos organismos, los trabajadores de cada unidad de producción o barrio elegían, para instancias superiores de coordinación, a representantes de sus filas o a representantes conocidos de la clase obrera. Estos representantes eran delegados revocables en cualquier momento.

El comunismo de consejos y Rosa Luxemburgo

Aparte de basarse en la práctica revolucionaria de los obreros revolucionarios alemanes, los teóricos consejistas encontraron también un precedente teórico en los textos y la práctica política de Rosa Luxemburgo, cuya defensa de la «acción espontánea» de los trabajadores se oponía al dirigismo de las cúpulas y burocracias partidarias. Esto le llevó a Rosa Luxemburgo a mantener diferencias tanto en la propia socialdemocracia alemana como con la socialdemocracia rusa y el centralismo leninista. Pero los comunistas consejistas llevaron más allá la crítica luxemburguista al dirigismo y al centralismo. Para los consejistas, el papel de los comunistas no era fundar un partido político para dirigir a la clase obrera, sino poner su experiencia de lucha y su acervo teórico al servicio del desarrollo autónomo del movimiento proletario en una dirección comunista. Su actividad de debate, clarificación y propaganda en el seno de la clase obrera no tenía como fin adoctrinar o ganar políticamente a los obreros a determinado programa especial, sino el contribuir a que la clase obrera organizada en sus organismos de poder enfrentase y superase, por sus propios medios, los obstáculos que tenía para la victoria revolucionaria sobre la burguesía y la organización comunista de la producción.

El comunismo de consejos y el anarquismo

Las posiciones consejistas contra el autoritarismo y el dirigismo coinciden en algunos puntos con las concepciones anarquistas sobre la democracia directa. Su visión de la gestión común de los medios de producción por los propios trabajadores y no por un «Estado obrero», les aproximaría a las tesis autogestionarias de los movimientos libertarios si no fuera porque recurren a la conquista del poder estatal. Sin embargo, aunque Pannekoek considera correcta la tesis de que con la conquista del Estado por el mismo proletariado este se aseguraría su dominio político —es decir, la dictadura del proletariado— frente a la burguesía aún existente, sería una «fantasía» usar esta «máquina de represión» como un «órgano de la liberación popular» cuando la tarea del proletariado es darse a sí mismo su liberación.[1]

No obstante, han llegado a esas posiciones desde una evolución marxista independiente y a través de la ruptura política tanto con la socialdemocracia como, en menor medida, con su ala radical, el bolchevismo.

Los partidos y los sindicatos

Según, Pannekoek «la meta de todo partido político, es decir, de toda organización de políticos profesionales, es el lograr tomar en sus propias manos la máquina del Estado; esa meta es extraña al Partido Comunista. La finalidad de éste no es conquistar el poder para sí, sino mostrar la meta y el camino al proletariado en lucha».[1]

Según el comunismo de consejos, los partidos políticos y los sindicatos son formas de organización correspondientes a la etapa reformista del movimiento obrero, y por lo tanto se transforman en fuerzas contrarrevolucionarias cuando se abre una situación revolucionaria, pues aun cuando sus burocracias dirigentes no tomen abiertamente partido por la restauración del orden burgués, las formas de actividad que caracterizan a partidos y sindicatos (política de jefes) obstaculizan el desarrollo de la autonomía proletaria, que es la precondición de la autoemancipación revolucionaria de la clase obrera. De esta manera, el comunismo de consejos no sólo se diferencia del «comunismo de partido», sino también del sindicalismo revolucionario y del anarcosindicalismo.

El comunismo de consejos, al contrario de las concepciones tradicionales que abogan por el binomio organización de masas/partido político y por la división de la lucha económica y la lucha política en organizaciones especializadas, aboga por la «organización unitaria» que unifique la lucha revolucionaria y la lucha por reformas, la lucha económica y la lucha política, tal como fue la experiencia de la Unión Obrera General de Alemania (AAUD), más tarde Unión Obrera General de Alemania-Organización Unitaria (AAUD-E).

El devenir histórico de la corriente comunista-consejista

Anton Pannekoek, Paul Mattick y el Grupo de Comunistas Internacionales (GIK) de Holanda fueron los principales continuadores y animadores de la corriente comunista-consejista en las décadas posteriores, aunque por el devenir contrarrevolucionario posterior a la derrota de la revolución proletaria en Europa, el comunismo de consejos sólo sobrevivió como una corriente teórica con un mínimo arraigo en intelectuales socialistas y obreros revolucionarios.

Algunas de las organizaciones y grupos de intelectuales que contribuyeron a desencadenar las revueltas de la década de 1960, entre ellos Socialismo o barbarie o la Internacional Situacionista, abrevaron en la teoría del comunismo de consejos.

Véase también

  • Portal:Marxismo. Contenido relacionado con Marxismo.

Referencias

  1. Pannekoek, Anton (1927). «Socialdemocracia y comunismo». www.marxists.org. Consultado el 3 de abril de 2020.
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